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viernes, junio 24, 2022

Brecha entre educación pública y privada: ¿Dificulta el acceso a la educación superior de población más pobre?

Para muchos analistas, el principal problema de la educación pública superior pasa por una crisis más delicada que el mismo déficit económico, pues los jóvenes de los estratos bajos ya no están accediendo a las universidades, en la medida en que la gran mayoría de los cupos se los están quedando los estudiantes de colegios privados, donde el nivel académico es superior al de los colegios públicos.

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Hoy en día se presenta una situación que resulta más preocupante: La pandemia aumentó la brecha en la calidad académica entre colegios privados y públicos.

Para analizar los efectos de la pandemia en la calidad académica de las instituciones educativas, las profesoras del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana: Luz Karime Abadía (codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación-LEE), Silvia Gómez Soler y Juanita Cifuentes González, realizaron un análisis estadístico de los resultados de la prueba de Estado 2020 para determinar cómo afectó la pandemia a los estudiantes de colegios públicos y privados[2].

El estudió evidenció una caída en los puntajes promedio de las áreas de lectura crítica y ciencias naturales de los estudiantes de colegios oficiales. Por otra parte, los puntajes para los estudiantes de colegios privados aumentaron en todas las áreas, excepto en lectura crítica, que se mantuvo igual al año anterior. Lo anterior implicó un aumento en la brecha en el puntaje global de la prueba Saber11 de 5 puntos en contra de los estudiantes que asisten a colegios oficiales frente a los estudiantes que asisten a instituciones privadas. La brecha en el puntaje global pasó de 24 puntos en 2019 a 29,5 puntos en 2020[3].

Así mismo, el estudio permitió determinar que el acceso a herramientas tecnológicas, como internet y computador, también fue un determinante en la puntuación: El puntaje global promedio de los estudiantes con internet cayó en 1 punto (de 260 a 259 puntos), mientras que entre los estudiantes sin acceso a internet cayó 3 puntos (de 230 a 227 puntos) en las pruebas de 2019 y 2020. En 2020, el puntaje global en la prueba Saber11 de los estudiantes de colegios oficiales con acceso a herramientas tecnológicas se mantuvo igual que en 2019, mientras que el puntaje de los estudiantes que no tienen acceso a estas herramientas disminuyó en 3 puntos frente al año anterior[4].

Retos de la educación superior

Por otro lado, la educación superior enfrenta unos retos muy importantes que es pertinente mencionar. El artículo “La educación superior en Colombia: situación actual y análisis de eficiencia”, de la Revista Desarrollo y Sociedad de la Universidad de Los Andes, evidenció que la educación superior en Colombia enfrenta retos importantes dentro de los que se destacan la ampliación de los niveles de cobertura y el mejoramiento de la calidad de las instituciones que ofrecen estos servicios educativos.

En este sentido, el artículo citado resalta que, si bien durante las dos últimas décadas el número de estudiantes matriculados ha crecido de manera importante, especialmente en la formación técnica y tecnológica, frente al contexto internacional las tasas de cobertura continúan siendo bajas y no superan el 50%. Por otro lado, la calidad del sistema de educación superior es heterogénea, ya que coexisten instituciones bien organizadas y reconocidas por su excelencia, con instituciones caracterizadas por bajos niveles de calidad.

Otra problemática tiene que ver con los altos grados de la deserción estudiantil producto de la pandemia. El New York Times publicó un artículo titulado “Millones abandonan la universidad en América Latina a causa de la pandemia”, haciendo referencia a la preocupante situación que se vivió durante los meses de confinamiento. El diario resaltó el hecho de que muchos de estos estudiantes fueron los primeros de sus familias en llegar a la universidad[5].

En su artículo, el diario neoyorquino señaló que, durante las dos últimas décadas, millones de jóvenes de Latinoamérica se convirtieron en los primeros de sus familias en ir a la universidad, una expansión histórica que prometía llevar a una generación a la clase profesional y transformar la región. Pero a medida que la pandemia se apodera de América Latina y acaba con la vida de cientos de miles de personas y devasta las economías, se produjo un alarmante retroceso: millones de estudiantes universitarios abandonan sus estudios, según el Banco Interamericano de Desarrollo[6].

En el caso concreto de Colombia, las matrículas universitarias también se vieron afectadas gravemente por la pandemia en el 2020. Las cifras oficiales recientemente publicadas por el Ministerio de Educación a través del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES), evidenciaron que para el año inmediatamente anterior el número de matrículas fue de 2’355.603, lo que implica que en cuatro años el sistema perdió más de 90.000 estudiantes, el 44,8% de ellos nada más en el último año. Pero lo que más preocupa a los expertos es el hecho de que la mayor pérdida se dio en el número de estudiantes nuevos. Así lo dejó ver un reciente análisis del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana[7].

Asimismo, un reporte de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún), reveló que las universidades tuvieron una deserción del 37 % debido a la pandemia. Al realizar una consulta a 88 entidades educativas se comprobó que un 20 % de estudiantes antiguos desertaron y que se matricularon 17 % menos de los estudiantes esperados para el segundo semestre de 2020. Sumado a esto, en el foro ‘Estado de la Nación: ¿Qué viene para Colombia en 2021?’, la ministra de Educación María Victoria Angulo señaló que cerca de 158.000 niños y adolescentes abandonaron sus estudios como consecuencia de la pandemia[8].

Frente al escenario planteado, es necesario adoptar medidas en dos frentes: el primero, identificar las causas que están dando lugar a la ampliación de la brecha de la calidad educativa entre las instituciones públicas y privadas, para garantizar el acceso a la educación superior a los estudiantes de más bajos ingresos; y la segunda, implementar acciones para  que permitan financiar matrículas, así como motivar a las instituciones educativas para que ofrezcan programas que le brinden auxilio a su comunidad estudiantil, como líneas de crédito, descuentos en las matrículas, becas, entre las que se consideren necesarias para frenar la deserción.

Concejal Armando Gutiérrez González

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